viernes, 29 de agosto de 2014

San Mamés brilla con la Champions

El estadio se estrena en plenitud con una noche goles y alegría
JON FDEZ. NAVASCUES

El escenario era único. San Mamés terminado y a rebosar, donde muchos han vivido el primer partido de Champions de su vida. Mezcla de ilusión y nervios. Las horas previas al encuentro las calles estaban tomadas por el rojo y el blanco. Toda una temporada en noventa minutos. Una ocasión que no podía escaparse. Tan cerca no. No en San Mamés.



A medida que los minutos pasaban costaba más respirar. Primero, un disparo de Higuaín enmudeció a La Catedral. Se fue por poco. Aire. Luego el Athletic empezó a tener el control y gozó de dos ocasiones inmejorables. Y ahí, cuando los 50.000 aficionados rojiblancos empezaban acomodarse en su localidad, a disfrutar del partido, llegó una nueva ofensiva del Nápoles que acogotó a los de Valverde los minutos antes del descanso. Inquietud. Cero a cero en el marcador. Descanso.

Llegó la hora del bocata para reponerse de tantas emociones. 15 minutos de tregua y otra vez a sufrir. Y nada más empezar el segundo asalto, Hamsik. Indigestión. «Un gol nos vale», aunque fuera para prolongar la agonía 30 minutos más. Gritos de ‘jo ta ke’ inundaron el coliseo rojiblanco, tocaba empujar. El Athletic no aceleró sus ataques, había tiempo por delante. Calma. Y en la primera oportunidad Aduriz la coló dentro de la red. Alivio. El sueño de la Champions seguía vivo. San Mamés volvió a rugir.

La épica estaba más cerca. Todo apuntaba a la agonía, pero la hinchada subió los decibelios. El estadio podía revivir otra remontada de las que el año pasado fueron costumbre. Y llegaron dos regalos. Primero uno de Albiol y Rafael. A medias. Otra vez Aduriz lo aprovechó. La locura. San Mamés se vino abajo. A la Champions. Era imposible intuir el obsequio que quedaba por llegar, éste del árbitro y el linier. No pitaron un fuera de juego clamoroso de Aduriz, que aunque no tocó la pelota, fue a por ella. Silencio en las gradas. Ibai sí estaba en posición correcta y definió bien. El éxtasis. Ya se pudo coger aire a pleno pulmón; estaba en el bote.

Con el pitido final las bufandas empezaron a bailar con el himno de fondo. Paseo triunfal de la plantilla. Gritos de ánimo, de agradecimiento, de amor. Así acabó otra noche mágica en La Catedral, la primera del nuevo San Mamés. El estadio, la plantilla y la afición se han ganado vivir la aventura de la Champions 16 años después.

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Fuente: El Correo