miércoles, 1 de mayo de 2013

Crónicas de San Mamés (II): García de Loza y los incidentes de 1986

Bilbao. 9 de abril de 1986. El Athletic Club recibe al Barcelona con motivo de la vuelta de la semifinal de Copa. El partido de ida terminó con 1-0 a favor de los catalanes, por lo que el club bilbaíno se ve obligado a ganar. El Athletic, que venía de jugar dos finales en las dos últimas temporadas (ganando una de ellas, en el 84), se encontraba ante una de sus últimas oportunidades de alzar un trofeo, dado que a la ausencia de jugadores importantes en los años anteriores (Dani, Liceranzu) y el declive en el que se encontraban otros se unía el tremendo cisma ocurrido entre Sarabia y Clemente, que acabó con la marcha del segundo y una división entre la masa social del club como no se había visto nunca.

Once inicial del Athletic en el partido de ida. 

Pero si hay algo que une las aficiones son los árbitros. Y así ocurrió. El partido comenzó con un Athletic dominador, creando ocasiones y llevando peligro a la portería de Urruti. Sin embargo, García de Loza, del Colegio Gallego, no podía dejar que el fútbol fuera el protagonista de aquel partido, por lo que dio comienzo a su particular show. Una buena jugada del Barcelona por la izquierda acaba en córner. Schuster, viejo conocido de la grada de San Mamés, es el encargado de sacar de esquina. Este lo bota suave, dándole mucho vuelo al balón, que llega al primer palo dispuesto a que Zubizarreta lo atrape sin dificultad. Pero dos jugadores del Barcelona se encontraban ahí, molestando e incluso empujando al portero, para que este no pudiera hacerse con el esférico. Y así fue. Zubizarreta, impotente en el suelo, observa cómo el córner lanzado por Schuster se cuela en la portería. Sin embargo, la falta había sido clara, no había ninguna duda de que el colegiado marcaría la infracción y de que el gol no subiría al marcador. García de Loza se llevó el silbato a la boca y pitó pero, para sorpresa de todos, dio como válido el gol. Los jugadores del Athletic salieron en estampida para protestarle, mientras la grada estallaba en gritos, pero fue inútil. Empezaba el espectáculo.

Raúl García de Loza 

El Barcelona, con el beneplácito del de negro, cosía una y otra vez a faltas al Athletic. En una de ellas consiguió el Athletic empatar en el 29′ de la primera parte. Siguieron las faltas sin pitar, penaltis que, milagrosamente, eran señalados fuera del área o simplemente no eran señalados, manos que desaparecían… Los jugadores y, sobre todo, los aficionados se desesperaban. Iniciada ya la segunda parte, el partido mantiene el mismo guión: el Athletic tiene la posesión, llega con mucho peligro a la portería rival y el árbitro sigue padeciendo una ceguera momentánea y polarizada. Es entonces cuando comienzan a verse las primeras pañoladas, no así los gritos y los insultos, presentes desde la primera mitad. Con el paso de los minutos, la hinchada va calentándose hasta que llega el punto de inflexión que marcaría este partido como uno de los mayores espectáculos vividos en San Mamés.

Dos aficionados saltan al campo con el objetivo de agredir al colegiado, a medida que se les van uniendo más. Los jugadores lo intentan impedir y, salvo el grito enfurecido de “Hijo puta” de 40.000 gargantas, parece que todo vuelve a la calma. Se intenta reanudar el partido, pero los aficionados vuelven a saltar al campo y García de Loza y sus asistentes se retiran escoltados. Los objetos vuelan desde la grada y en el terreno de juego un fuerte dispositivo policial sustituye a los jugadores y desaloja del césped a los aficionados a base de cargas. El ambiente se caldea y hasta los mandos de los nacionales piden calma a sus agentes. Intercambio de golpes entre unos y otros por doquier, athleticzales encaramados a las vallas lanzando de todo a los policías, San Mamés entero dedicándoles unos “Hijos de puta, hijos de puta”. Cuando todo indicaba que no iba a pasar a mayores, se produce una nueva carga y es en este momento cuando se produce una de las imágenes de la noche: un joven, portando una bandera del Athletic, se ve rodeado en un córner por 5 policías; ve un hueco por la banda y se zafa de dichos agentes por velocidad, corriendo por un pasillo de 1m de ancho, a un lado la valla y, al otro, policías armados con porras; en 10 segundos se encuentra al otro lado del campo, habiendo dejado atrás a 10 agentes. La grada estalla de júbilo y de rabia.

Momentos más tarde, la Policía se ve obligada a retirarse por el túnel de vestuarios ante la marea de gente que había bajado de las gradas a enfrentarse a ellos. Petardos, palos, botellas, asientos… cualquier cosa sirve para lanzar a los agentes en retirada. San Mamés estalla en aplausos y gritos.

Así recogía el colegiado lo ocurrido:

“Durante el encuentro tuve que parar varias veces el partido por lanzamientos de objetos, botellas, botes de cerveza, naranjas, manzanas y bocadillos. Cuando faltaban dos minutos para finalizar dicho encuentro, saltaron al terreno de juego varios espectadores con intención de agredirme. Al finalizar dicho encuentro, tuve que salir con los escudos de la fuerza pública, ya que en ese momento fueron lanzados objetos de todo tipo, así como también otros espectadores (sic), sin precisar el número de ellos”

La Federación impuso un partido de clausura para San Mamés, así como sanciones para De Andrés, por llamar al árbitro “Ladrón”, al igual que hizo Dani. Por su parte, el Athletic presentó una denuncia gubernativa contra el colegiado, haciéndole responsable de los incidentes ocurridos en el campo y que, más tarde, se propagaron a las calles aledañas al estadio.

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