miércoles, 10 de abril de 2013

«Lo del arco de San Mamés es una barbarie cultural»

Iñaki Uriarte, Arquitecto. Estudioso del Patrimonio Arquitectónico, Industrial y
Portuario, se ha especializado como documentalista y articulista en temas urbanos y de arquitectura. Salvaguarda de la rica memoria industrial, arquitectónica y paisajística vizcaína, este conocido arquitecto no se muerde la lengua a la hora de reprobar el incierto futuro del arco de San Mamés, ni el proyecto del nuevo estadio.


Joseba VIVANCO

Alguien escribió una vez que «en Bilbao hay dos fuentes de entretenimiento que jamás defraudan: la primera la constituyen los comentarios elogiosos sobre el museo Guggenheim; y la segunda, la acerada crítica del arquitecto Iñaki Uriarte a los vicios del urbanismo local». Y, desde luego, alguien como él, auténtica chinita en el zapato de las políticas urbanísticas en la capital bilbaina, no podía permanecer callado en el adiós al viejo San Mamés y la ¿bienvenida? al nuevo estadio

Entre uno y otro, la incertidumbre sobre el futuro del arco de La Catedral es algo que le lleva los demonios a este estudioso del patrimonio arquitectónico. No debe resultar extraña tal indignación si leemos lo que de esta pieza única escribe el propio Uriarte: «El arco es la expresión final, formal y consecuentemente figurativa de una colosal estructura metálica minuciosa y austeramente calculada, excelentemente fabricada y brillantemente montada. Propia de una ingeniería docta y refinada y paradigma de una cultura del hierro sobria y eficaz, por lo que el resultado era, y es, genuinamente espléndido, arquitectónicamente bello y paisajísticamente sublime». Y es ese conjunto de elogios el que -denuncia- ha sido arrastrado por el mismísimo barro.

Usted no es para nada futbolero, pero como bilbaíno y como defendor del patrimonio urbanístico vasco, el adiós al viejo San Mamés seguro que le apena...

La respuesta es sencilla, la casi ya definitiva desaparicion del arco de San Mamés es un hecho que afecta a cualquier persona que tenga una mínima sensibilidad por una ciudad. No creo que haya nadie, aun siendo forastero, que pueda aceptar la eliminación de esa magna obra. Actualmente, solo una jugada magistral podría, en estos momentos finales de un encuentro tramposo, evitar la tragedia cultural e identitaria que supone la destrucción del arco.

Porque estamos ante un elemento arquitectónico que va mucho más allá de lo ornamental o lo puramente constructivo.

Nos situamos frente a una obra excepcional de la arquitectura europea de aquellos tiempos, hecha con un cálculo muy preciso, de unas personas que tuvieron muy claro qué estaban abordando, un desafío tecnológico importante con unos procesos de montaje para la época que hay que verlo, un alarde de técnica, previsión y ejecución, hecho -no lo olvidemos- con los medios de la época.

Que, además, es algo que identifica a la propia ciudad, un icono.
Mire, este arco junto al Puente de Bizkaia y el Muelle de Hierro son las grandes obras en estructura metálica de Euskal Herria relativas únicamente al ámbito de Bilbao. Forman parte de esa cultura que reafirma esa vinculación de Bizkaia con el hierro; son el síntoma de identidad de un territorio que ha sido la patria del hierro y el acero. Le diré más, el arco y, poco después, el Santuario de Arantzazu, representan la incorporación de Euskal Herria en la cultura arquitectónica moderna de Europa. Si el arco era un desafío técnico, Arantzazu lo era estético.

Y, sin embargo, a dos meses vista del derribo del estadio, nada se sabe del futuro del arco...
Eso evidencia una mendicidad, un analfabetismo de muchos implicados, como son las propias juntas directivas del Athletic que lo debían haber previsto y que han demostrado una insensibilidad e ignorancia. Por supuesto también de los departamentos de Cultura de Ayuntamiento, de Diputación, y los propios socios en general, porque al final, afortunadamente, ha tenido que ser el interés de la Peña Deusto la que haya recogido más de 20.000 firmas y contribuir a sacarlo a la luz.

Pero antes de llegar a este punto, usted denuncia que el final de este emblemático arco comenzó a gestarse años antes...
Sí, todo empieza con la reunión de la Comisión de Patrimonio de Bilbao el 12 de mayo de 2006, presidida por la sumisa concejal de Urbanismo Julia Madrazo, de desdichada gestión, y con el habitual beneplácito destructivo de los vocales Agustín Arzua, Mauro Valdivieso, Jose Luis Sabas, y el voto de Blanca Brea y María Jesús Cava. Tan solo el arquitecto José Cruz Erice se opuso entonces a la rebaja del grado de Protección Especial nivel A que tenía el arco, al de Conservación Básica nivel D, lo que facilitaba su demolición. Esos son los primeros responsables porque permitieron facilitar el camino al despropósito que ya se estaba tramando, y el cinismo de alguna de esas personas, que después en el periódico ``Bilbao'' llegó a publicar un artículo en defensa del arco después de lo que había hecho.

¿Entiende por qué se tomó aquella decisión?
Es el paso donde se inician siempre estas cosas, en términos urbanísticos, de corrupción, y este en particular es una bajeza cultural... Lo que habría que saber es la maldad que había en la cabeza de esas personas para actuar así hacia un símbolo reconocido y para el que, como la colonia de Sukarrieta, nunca se han articulado mecanismos de defensa en la creencia de que nadie iba a ser capaz de derribarlo. Y ahí me incluyo también, porque nadie solicitó que fuera declarado Bien Cultural Calificado, haber pasado del rango municipal al ámbito vasco.

A lo mejor era un elemento que molestaba para futuras actuaciones como el nuevo estadio...
Más que molestar el problema es que hay una ignorancia colectiva de no apreciar las cosas seguramente por la cotidianidad. Porque lo que van a hacer con San Mamés representa el fracaso y renuncia de la sociedad vizcaína, y particularmente la bilbaína, a una de sus más grandes creaciones. Fracaso y renuncia.

¿Podría el arco haber formado parte del nuevo estadio?
Absolutamente. Primero poniéndolo como condición de proyecto, un concurso de ideas donde lo pones como condición, si no iledudible, sí muy puntuable. Incluso podría haber sido un elemento simbólico de entrada al nuevo campo. Es más, el arco sería perfectamente trasladable, por ejemplo, a la zona de la portería del nuevo campo que da a la Ría, en altura, limpio y destacado en el horizonte. Pero nadie lo ha aconsejado ni lo ha impuesto. Lo que sucede es que la designación a dedo del proyecto por parte del club es un acto que induce a sospechas, la renuncia al concurso abierto es limitar las posibilidades de una obra muy creativa, se evitan ideas brillantísimas. El proyecto se adjudicó a la firma IDOM, de gran solvencia técnica, pero que solo ha tenido que resolver un encargo que le resulta fácil porque no tiene competencia.

¿A dedo, dice?
Resulta vergonzoso si no ilegal que las Administraciones Públicas, que el Gobierno vasco decida unirse a Diputación y Ayuntamiento para financiar una obra que se ha dado a dedo. Es un procedimiento corrupto, sin olvidar la otra parte que es financiar con un dinero público a un club privado cuya actividad es un partido protagonizado por unos personajes que son, una de las cosas más brillantes que he oído ultimamente, «millonarios prematuros», y añadiría también lo de beneficiados fiscales. Un trato de privilegio que rebela a cualquiera con conciencia social. Y si encima hay un acto de barbarie cultural como es la eliminación del arco, el asunto es ya sublevante. Se ha gastado muchísimo dinero público para resolver problemas meramente técnicos, capacidad, normativas y servicios en un estadio nuevo que sin duda podría ser mucho mejor, ya que este es el resultado de una sola idea.

Volviendo al arco. Una de las opciones que más ha sonado es reubicarlo en otro lugar, a modo de elemento ornamental en un parque o incluso como pasarela en la propia Ría. ¿Le convence?
Pero estaría colocado en una posición decadente, como calavérica, de unos restos dejados ahí por compasión. Es un consuelo hipócrita, intentar quitarse el remordimiento de no haberlo destruido. Pero la cuestión es que hablamos de una pieza en alto y un elemento de ese rango, incluso como pasarela, me parece deprimente. El arco de San Mamés, el ascensor de Maiona, la grúa Carola y el Tigre son los hitos celestiales de Bilbao, pertenecen a la línea del horizonte, de esos símbolos reconocibles de una ciudad que tienen una gran potencia iconográfica, se distinguen de lejos, refieren lugares, señalan hitos...

Lo último que se ha argumentado es que la estructura del arco está bastante deteriorada...
¿Y mientras ha estado como elemento catalogado y estructural, es decir, de seguridad, dónde ha estado el deber de mantenimiento? Ese argumento no es válido.

El viejo San Mamés será ya historia, lo mismo que el arco, ¿será el nuevo estadio un nuevo icono arquitectónico de la ciudad?
En ningún aspecto. San Mamés surgió con el don de la belleza. Este nuevo estadio, en cambio, es una arquitectura tan meramente funcional, tan exenta de creatividad... no va a aportar nada. Tiene muchas reminiscencias a otros campos, una arquitectura anodina, y de cara a la ciudad da una respuesta rutinaria. Sin ir más lejos, al final de Licenciado Poza aparece el escudo del Athletic y eso da una referencia visual a lo lejos, lo mismo que Anoeta al final de la avenida tiene allí un elemento simbólico. Pues en este caso, el nuevo campo no estará al final de una avenida ni un eje ni nada, es un elemento forzadamente encajado entre edificaciones, absolutamente perdido, dislocado de referencias. Porque donde está el actual campo se sitúan unos edificios universitarios con una planta curva, lo que propicia en su conjunto arquitecturas muy difíciles. Todo muy congestionado. Le falta expansión urbana, porque la otra pregunta sería, ¿es el lugar más adecuado para un nuevo campo de fútbol? Yo lo dudo.

¿No le convence este enclave?
Todos los campos tienden a alejarse algo del centro de las ciudades. Por ejemplo, se me ocurre quizá el espacio donde está el Instituto Médico Quirúrgico, donde había terreno, compatible con la apertura de la dársena. Pero mi opinión es que se debería haber estudiado más el emplazamiento. La falta de perspectivas visuales impedirá su percepción adecuada, por no hablar del inevitable conflicto de tráfico con el nuevo acceso por Basurto, 57.500 vehículos diarios en una estimación baja. En definitiva, una mala alternativa de emplazamiento de un campo de fútbol en una parte consolidada de Bilbao.

¿No cree entonces que el nuevo campo recoja el testigo simbólico y sentimental de La Catedral?
En absoluto. El sentimiento de Catedral por la grandeza de San Mamés no creo que se repita... Será un santuario... ¡o un suntuario! El apelativo de Catedral se acaba con el viejo campo. Y es más, por elemental respeto y dignidad espero que el Athletic dedique una puerta a Iñigo Cabacas y con su nombre, lo mismo que hay un busto de Pichichi. Un seguidor asesinado por la Ertzaintza en la celebración de un partido merece un recuerdo perpetuo por parte del club. Lo mismo que espero que eliminen los pases de favor a políticos, que se paguen la entrada como hizo Bielsa en Anoeta. Lo de los gorrones permanentes se debería acabar.

Iñaki Uriarte lo deja ahí. Los descalificativos ante lo que cree un atropello no se le agotan. Al menos, confía que en la inauguración del nuevo estadio se haga un guiño a la Ría, la misma que trajo el fútbol a Bilbo y que quiere volver a ver surcar la gabarra.

Fuente: Gara