viernes, 23 de marzo de 2012

Fútbol es fútbol: Lo más hermoso de Bilbao

El significado de los campos de fútbol para los aficionados

ANTONIO RICO Decía Andy Warhol que lo más hermoso de Tokio es el restaurante McDonald's, lo más hermoso de Estocolmo es el restaurante McDonald's y lo más hermoso de Florencia es el restaurante McDonald's. No, no y no. Lo más hermoso de Tokio es el estadio Ajinomoto, donde juega el FC Tokyo, así que lo más hermoso de Estocolmo es el estadio Olímpico de Estocolmo, donde juega el Djurgårdens IF Fotboll, y lo más hermoso de Florencia es el estadio Artemio Franchi, donde juega la Fiorentina. Sí, sí y sí. Al menos, para los aficionados del FC Tokyo, del Djurgårdens y de la Fiorentina.

O puede que tampoco, tampoco y tampoco. ¿Para un culé el Camp Nou es lo más bonito de Barcelona? ¿Para un seguidor del Athletic lo más bonito de Bilbao es San Mamés? ¿Es El Molinón lo más bonito de Gijón para un sportinguista? No lo creo. Sin embargo, es difícil que un futbolero abandone Barcelona sin echar un vistazo al Camp Nou y sin sentirse tan pequeño como los gladiadores de la película «Gladiator» cuando se encuentran ante el Coliseo de Roma. No conozco a ningún futbolero que viaje a Bilbao y no reserve unos minutos para hacerse una foto delante de San Mamés. Y el corazón de los futboleros que visitan Gijón tiene que hacerse más grande para que quepan la hermosa playa de San Lorenzo y el aroma del viejo-nuevo estadio de El Molinón. Por eso los aficionados del Sporting que viajen este fin de semana a Bilbao para asistir al partido Athletic-Sporting querrán ver ganar (o incluso empatar) a su equipo, pero, sobre todo, quieren sentarse en San Mamés y disfrutar del ambiente de un estadio que es al fútbol lo que los Reyes Magos son al final de las Navidades o la sal al tequila. Es probable que los sportinguistas bajen de los autocares y se desparramen por Bilbao para pasar un domingo de vinos, tapas, risas y charlas futboleras con la afición local (si el fútbol no sirve para poder hablar y reír con desconocidos, no sirve para nada), así que el Guggenheim y el Museo de Bellas Artes tendrán que esperar. Pero el amor de los futboleros al fútbol, a los vinos, a las tapas, a las risas y a San Mamés no significa que los futboleros odiemos el arte ni que creamos que el estadio del Athletic es lo más bonito de Bilbao. Es que, como dice mi amigo Yayo, cuando se va a ver un partido de fútbol hay que estar a lo que se está.

Un estadio de fútbol no es para un futbolero lo que un restaurante McDonald's era para Andy Warhol. En realidad, es mucho más. Todos los restaurantes McDonald's se parecen, pero cada estadio de fútbol tiene su aroma particular, sus códigos, sus manías, sus ritos, su forma de recibir el fútbol. Aldous Huxley dice en su novela «Un mundo feliz» que un gramo de «soma», la droga oficial cuyo consumo es alentado por el Estado, cura diez sentimientos melancólicos y que el «soma» tiene todas las ventajas del cristianismo y del alcohol, pero ninguno de sus efectos secundarios. El fútbol no es la hamburguesa de los que amamos el fútbol, pero tampoco el «soma». Es cierto que un gramo de gol cura diez sentimientos melancólicos. Y es cierto que ser de un equipo de fútbol tiene las ventajas de la religión y del alcohol, pero también es cierto que tiene alguno de sus efectos secundarios. El neurocientífico Sam Harris mantiene que todo creyente actúa como ateo respecto a todas las creencias y religiones que no son la suya, y me temo que muchos futboleros padecen este sutil efecto secundario de la religión. En cuanto al alcohol... sólo hay que darse una vuelta por los bares después de una gran victoria (o derrota) futbolística. Si el fútbol fuera el «soma» del pueblo, disfrutar del partido Athletic-Sporting y del ambiente de San Mamés sería más bien una experiencia entre religiosa y etílica, y no lo que en verdad es: una hermosa fiesta del fútbol.

San Mamés no es lo más hermoso de Bilbao, salvo cuando hay partido. El Guggenheim siempre está ahí, pero los noventa minutos del partido Athletic-Sporting son los que son y hay que estar a lo que se está.



Fuente: LNE