lunes, 24 de octubre de 2011

El otro San Mamés

JON URIARTE | .-

Tiene 47 habitantes en invierno. Gente recia, capaz de aguantar fríos intensos. Ya no es lo que era. Pero entre los 40 y 50 cayó tal helada que tres vacas murieron congeladas. Así es el San Mamés de Madrid. Como dato sepan que a los chavales que se portan mal en la escuela, única de la zona, les hacen ir hasta el tren andando, en vez de utilizar autobús. Siete kilómetros ida y otros tantos de vuelta. Rectitud. Conocer su existencia y acordar con mi mujer una fecha para acercarnos a curiosear fue todo uno. No todos los días te encuentras con un rincón que lleve por nombre el de 'La Catedral'. El pueblo, por ser, no es ni pueblo. Sino pedanía. En concreto, de Navarredonda. Para llegar allí hay que conducir entre robles, fresnos y encinas. Dejando, a ambos lados, lagos, ríos y pantanos. Atravesando carreteras serpenteantes y disfrutando de la Sierra de Guadarrama. No es raro ver venados despistados o algún jabalí con su familia. Incluso puede que se encuentre con caballos salvajes galopando por las laderas. Es un viaje recomendable. Y encima, puede encontrarse con sorpresas como la que hoy les refiero.

A falta de Ayuntamiento, decidí visitar otro tipo de consistorio. El que merece la pena. El bar del pueblo. En San Mamés hay dos. Nada más entrar, aparece el 'Chiringuito de Isabel'. Un pequeño quiosco de piedra con barra de mármol y media docena de mesas y sombrillas con publicidad. Gobernándolo todo, Isabel. Dueña y señora de los trescientos sesenta grados de taberna. «¿Que si sé que coincidimos en nombre con el campo del Athletic?», responde. «¡Como para olvidarlo!». Y nos cuenta una historia de humor negro del bueno. «Cuando murió mi padre mandamos hacer en Madrid los recordatorios. Viendo que no llegaban, les llamamos preocupados. ¡Y resulta que los habían enviado a 'San Mamés campo de fútbol'! ¡A Bilbao!», exclama entre risas. «Entonces no nos hizo gracia, pero no hay comida familiar en la que no lo recordemos», añade. Y no es raro. En Madrid, cuando van a arreglar papeles, poca gente sabe de su existencia.

«Sólo conocen la de vuestro campo». Como ven, en todas partes cuecen habas y aflora el desconocimiento por lo propio. «En su día hubo varios vecinos que eran del Athletic. Hasta peleas y todo tuvimos por algún partido», comenta entre calada y calada al cigarro que apura, apoyada en el quicio de la puerta. En ese momento llega un grupo. «Tengo que cocinar para veinte, así que os dejo. Si escribes del pueblo, pásate por aquí y nos traes el periódico», dice mientras recibe a la clientela. Le doy mi palabra de que lo haré y me quedo con sus indicaciones para localizar el otro bar. 'El Montivan'. De Montserrat e Iván. Los hijos de Isidro. Dueño de un nombre muy madrileño y de un local multifunciones. El típico de toda la vida, que lo mismo vende prensa y pan, que sirve vinos o da de comer. Barra a la derecha, baños a la izquierda y mesas al frente. En los estantes, llaveros y mecheros con leyendas y escudos, cedés en venta de Chiquetete, Adamo y Dyango y unas botellas de vino, en cuyas etiquetas aparecen la virgen del Pilar y el escudo de la Guardia Civil. No sé cómo será la cosecha, pero digo yo que, si das positivo por beberlas, no te quitarán puntos.

Isidro es un hombre de pelo blanco y aspecto agradable. Su inicial seriedad desaparece al preguntarle por el único escudo que preside el local. Es del Rayo Vallecano. «No soy muy futbolero, pero lo trajo un buen cliente y ahí está desde entonces», cuenta mientras saca otra ronda de tercios a los vecinos de barra. Aprovechando que la cosa está tranquila nos cuenta que aún queda un aficionado del Athletic en el pueblo. «Ya no vive aquí, pero viene porque es hijo de 'sanmamesina'. El padre era de Bilbao. De ahí lo del Athletic». Como dato curioso dice que, si bien en San Mamés la mayoría son del Madrid, en el pueblo vecino de Villavieja muchos son del Barça. Imaginen los piques. Él evita vehemencias. De hecho, nos invita a ver un partido. «Y de paso, le digo al del Athletic que venga, que el hombre siempre está muy solo». No hace falta que les diga que aceptamos la invitación. Ya nos imaginamos viendo a los 'leones' en el 'otro' San Mamés. Ese en el que estaremos él, nosotros y quien quiera. Para demostrar que San Mamés hay muchos. De hecho, existe otro en Burgos, un tercero en Ávila, un barrio en Zierbena y alguno más por ahí. Pero en realidad, para nosotros, sólo hay uno. El que llevamos en el alma rojiblanca estemos donde estemos. Llegados a este punto, he de confesarles un secreto. No pudimos remediarlo. Al dejar la localidad, paramos el coche, salimos bufanda en mano y la colocamos sobre la señal que lleva su nombre. Y allí se quedó. Para que no se diga que hay por ahí un San Mamés sin los colores de nuestro Athletic.

Fuente: El Correo