jueves, 5 de marzo de 2009

Hau da San Mamés!




El público de San Mamés le canta a Del Nido que le coma el...






He estado en Anfield, he pisado la "bombonera" de Boca, he asistido a partidos en Grecia y Turquía, he conocido aficiones "calientes". La verdad, no recuerdo una igual a la de San Mamés ante el Sevilla. Los miles de leones que llenaron el viejo estadio llevaron en volandas a los suyos. Los andaluces no fueron capaces de asimilar la presión a la que deportivamente les sometieron tras las declaraciones del presidente Del Nido. Ni siquiera se oían los pitidos de Mejuto. El griterío era ensordecedor. Lo reconocían hasta los seguidores sevillistas que lo único salvable de la debacle de su equipo era haber vivido en San Mamés ese partido. Los miles de seguidores que saltaron pacíficamente al césped y obligaron a los héroes rojiblancos a salir a saludar desde el palco son la mejor muestra de la comunión entre equipo y toda Bilbao, toda Bizkaia. Noches así merecen que no se derribara nunca San Mamés, que se dejara como un monumento, como museo, para visitar cuando esté construido el nuevo estadio. A cualquiera que estuviera en San Mamés se le escapó seguro un grito de apoyo: "¡Athleeeetic…!"

Francesc Aguilar, Subdirector de Mundo Deportivo



Lo que sucedió ayer en San Mamés es algo histórico y un ejemplo de cómo se gana una eliminatoria enfrentándose ‘once’ –el Sevilla-, contra toda una ciudad y un sentimiento… Veinticuatro años sin llegar a una final de Copa, para el llamado ‘rey de copas’, era demasiado tiempo. El hambre no era sólo de un equipo, era de un club, de una afición, de un modelo.
El partido lo ganó el Athletic muchos días antes del pitido inicial. La mentalidad, la meticulosidad y la ambición por llegar otra vez a una final, se convirtió en todo un reto colectivo. Un clima muy difícil de crear –no se puede prefabricar-, pero que cuando cala, es imposible batirlo. Caparros lo vio claro, clarísimo, y desde días antes comenzó a ‘jugarlo’.
Su reto no era preparar a ‘once’ hombres, era predisponer a toda una ciudad, que, por cierto, estaba muy dispuesta a no salir derrotada y así se lo iba a hacer saber al Sevilla desde su llegada a Bilbao. Las cosas les salieron mejor de lo pensado, y se lo hicieron saber a los sevillistas mucho antes de llegar al aeropuerto. La Prensa hizo de hilo conductor de lo que les esperaba…. Y funcionó.
Teóricamente viajaban de favoritos –el resultado estaba a su favor-, pero el miércoles se convirtió en un festivo o, mejor dicho, en una fiesta para todo Bilbao desde el mediodía. No se trabajó, los niños fueron al cole vestidos de rojiblanco, los balcones engalanados ‘lucían la victoria’ desde varios días antes… Y el único que se dio cuenta fue José María del Nido.
El presidente del Sevilla, habilidoso y listo, se percató que era algo más que un partido y ‘saltó al césped’ para intentar amortiguar la euforia colectiva con su famosa frase sobre Kanouté y Llorente. Me gustó su estrategia, pero el estado de ánimo colectivo había calado tanto, que la euforia era ya imparable.
Lo que sucedió ayer en San Mamés, insisto, es un ejemplo de hermandad entre un equipo y una afición. Por una vez, no fue una metáfora aquello de que el ambiente abre el marcador y los jugadores hacen el resto. Si el Athletic hubiera necesitado cinco goles, los habría hecho. La comunión que se creo era absolutamente imbatible, mucho más que el famoso ‘miedo escénico’ del Bernabéu y que todo lo que he visto en el mundo del fútbol. La diferencia con vivencias parecidas es que no fue una encerrona, fue una fiesta del fútbol. Hasta la invasión final, lejos de una indisciplina colectiva –exista o no multa- fue la ronda final de una noche histórica que no olvidaremos como ejemplo de hermandad entre unos deportistas y su afición. Si alguien logra otra vez este estado de ánimo colectivo, que esté tranquilo su equipo… ‘once’ personas, nunca podrán con toda una ciudad. Sobresaliente para quien lo pensó y, sobre todo, para la parroquia bilbaína que entendió perfectamente cual era su papel.
Emilio Moratalla - Marca