domingo, 1 de julio de 2012

'Ingenieros de obra' a media jornada

MIGUEL, PEDRO Y BLAS CONTROLAN DIARIAMENTE EL TAJO DE SAN MAMES BARRIA

ANTES HICIERON EL SEGUIMIENTO DE TORRE IBERDROLA Y LOS MUELLES DE LA RÍA

JOSÉ BASURTO

ELLOS se autodenominan Ingenieros de obra parados. No tienen estudios ni conocimientos de construcción, pero supervisan y vigilan mejor que nadie los tajos abiertos en Bilbao. Se llaman Miguel, Pedro y Blas. Los tres están jubilados desde hace años. En sus currículums como ingenieros figuran obras tan importantes como el Guggenheim, la urbanización de Abandoibarra, la Torre Iberdrola o los muelles de la ría. También tienen en su haber multitud de obras menores, pero ni las nombran. Desde hace unos meses controlan la construcción del nuevo campo de San Mamés y sus correspondientes accesos a Olabeaga. Allí están, fiscalizando todo lo que pasa. Y los trabajadores, a lo suyo. "Los jubilados forman parte del paisaje", dice uno de ellos. Les ignoran, aunque en alguna ocasión han tenido que llamar la atención a algún "listillo" que hace "comentarios técnicos". Es la excepción. "Losingenieros de obra somos muy respetuosos con los obreros", dicen, "porque nosotros también lo hemos sido".




Miguel tiene 84 años. Se jubiló con 65 después de haber estado trabajado toda su vida en la empresa de construcción Olabarria Hermanos. De ahí que Miguel sepa algo de encofrados, pilares y cemento, aunque no haya cogido nunca una paleta. "Yo solo le llevaba a mi jefe a inspeccionar las obras", especifica. De esa forma tuvo la oportunidad de viajar a muchos lugares de España y del extranjero. "He estado hasta en Yemen", cuenta, "porque allí construimos unas casas". Pero de esa aventura ha pasado mucho tiempo. Ahora tiene las obras muy cerca de casa. "Yo vivo en Deusto y vengo aquí, a Olabeaga, casi todas las mañanas", dice. "Paseo, me entretengo y estoy con estos (señalando a sus compañeros ingenieros Blas y Pedro). Miguel, que luce un moreno marbellí, se conserva estupendamente gracias a esos paseos y a que "no bebo y hago dieta mediterránea". "Me pongo las botas a cocidos de legumbres", dice. También tendrá algo que ver en su buen aspecto el sentido del humor del que hace gala. "Yo soy así, alegre", dice. Con sus comentarios hace más llevadera la mañana al resto del grupo de ingenieros. "Aquí hay turnos", señala riéndose, "nosotros estamos hasta media mañana y luego vienen otros hasta la hora de comer".

PASEOS En el turno de trabajo de Miguel también se encuentra Pedro, el más joven de los tres. Tiene 62 años. Le prejubilaron hace año y medio en una empresa de "suministros a barcos". Aunque vive en Rekalde, se desplaza todos los días a Olabeaga. "Vengo paseando, veo cómo va la obra y vuelvo al barrio para tomarme un vinito antes de comer". Así relata su jornada matinal. "Esto de ver las obras es lo mejor para no estar todo el día metido en el bar bebiendo y jugando a las maquinitas". Pedro controla todas las obras que puede. "Si me entero que hay obras en Kobetas, allí voy", señala. De todas formas, también corren malos tiempos para los ingenieros de obra. "Ahora mismo hay muy pocas obras en Bilbao", dice. Por eso las del nuevo campo de San Mamés acaparan las atención de muchos jubilados. Todos coinciden en que "es impresionante y va a buen ritmo". Pero advierte Pedro de que "van a tener que aumentar los turnos y trabajar día y noche si quieren llegar al plazo establecido".

ENTRETENIMIENTO A esa conclusión también ha llegado Blas, otroingeniero jubilado que acaba de cumplir 74 años. "Llevo veinte años sin trabajar", confiesa. Le prejubilaron en Olarra, la empresa que fabrica hierro y acero en Larrondo (Sondika). Blas es soltero, lo mismo que Pedro, y vive en Uribarri. Desde allí baja todos los días hasta Olabega. "Luego vuelvo paseando por la Gran Vía, viendo el ambiente que hay". De la obra es al que más le gusta controlar. "¡Mira!, ya viene la hormigonera otra vez", les anuncia a los colegas. Confiesa que le gusta cómo se va construyendo el nuevo campo y los progresos que ve día a día. "Es bonito y me entretiene", afirma. No añora nada del trabajo que él hacia en la fábrica. "De jubilado se vive mejor", dice. Por eso, siente algo de lástima, sobre todo cuando hace mucho calor, al ver trabajar a los obreros. De todas formas aclara que "ahora, con las máquinas, el trabajo en la construcción es más fácil y menos duro". Blas, como el resto del ingenieros, se limita a observar. "Nosotros no les decimos nada", señala Miguel, "pero aquí hay gente que de vez en cuando le dice algo y no les sienta nada bien". Lo único que hacen Pedro, Miguel y Blas es comentar entre ellos algún detalle. Por ejemplo, cuando ven a "uno trabajando y a cuatro mirando".

PÚBLICO Los trabajadores, por su parte, les ignoran. "Estamos acostumbrados", señala Jose, un trabajador que está deseando acabar la jornada entre el cemento y los hierros del encofrado. "Nosotros estamos a lo nuestro y no nos fijamos si tenemos público o no", cuenta. También resalta el "respeto" con el que les observan y los pocos comentarios que reciben. "Muchas de las personas que están ahí arriba viendo cómo trabajamos", señala otro operario que prefiere no dar el nombre, "conocen lo que es el mundo de la construcción y les gusta recordar". Esa es su teoría, que en el caso de Miguel, Blas y Pedro, se desvanece.



Fuente: DEIA