viernes, 13 de abril de 2012

La afición se moja hasta el final

El club rojiblanco decidió abrir en horario ininterrumpido las taquillas, que colgaron el 'no hay billetes' a las 17.30 horas Miles de aficionados del Athletic desafían al mal tiempo para adquirir una de las 3.000 entradas para Lisboa

BRUNO VERGARA

Con ropa de abrigo, mantas, incluso tiendas de campaña, miles de aficionados esperaban ansiosos la apertura de las taquillas de San Mamés. Habían pasado la noche a la intemperie para comprar una de las 3.000 entradas que ayer puso a al venta el Athletic para el partido de ida del próximo jueves frente al Sporting de Portugal.

La noche fue buena pero, en cuanto amaneció, el peor presagio estaba por llegar. La lluvia. A eso de las 7.30 horas, comenzaron a caer las primeras gotas, y todavía quedaban tres horas para la apertura de las taquillas, fijada a las 10.30. Junto a 'La Catedral', miles de seguidores miraban el reloj con angustia. También al cielo, de donde cada vez caía más agua. A eso se sumó el viento, que arreciaba con fuerza en el acceso a la Tribuna Principal. Allí permanecían los fieles hinchas, a los que, tras una larga espera, sólo les quedaba el sprint final. Lo más duro. «Ha hecho una buena noche, sin mucho frío, pero en cuanto se ha puesto llover...», se lamentaba Iñaki Apraiz, presidente de la Peña Ander Murillo, de 69 años, que hizo cola desde las 15 horas del miércoles. Como él, miles de aficionados pasaron la noche junto al campo. Muchas horas en las que las partidas de cartas, la radio y las charlas amenizaron la larga espera. Había que matar el tiempo de cualquier manera, como hizo Apraiz. «Cuento chistes, aunque lo hago fatal, es una buena forma de pasar el rato», explicaba sonriente.






Las taquillas se abrieron con puntualidad y los aficionados fueron retirando sus entradas sin problemas. Las vallas instaladas junto a las ventanillas y los vigilantes de seguridad impidieron que los seguidores se amontonaran. Pasaban en tandas de 28 personas, cuatro por cada una de las siete taquillas abiertas. Sólo hubo un individuo que intentó colarse justo con la apertura, aunque no lo consiguió. Fue interceptado rápidamente.

Mientras la cola avanzaba, había seguidores que protestaban por el sistema de venta de billetes. «Esto no pasa ni en África», se quejaba Emilio Contreras, que esperaba desde las cuatro de la tarde del miércoles. Su amigo también se mostraba indignado: «Que lo organice el club. Que la gente coja dos números como en la charcutería y ya está», decía rotundo. Y es que no sólo había quejas sobre el hecho de hacer cola, sino por el horario. Asten León, de 65 años, y que también hizo noche para adquirir unas entradas para Manchester, estaba que trinaba. «No nos merecemos esto. Habrían podido abrir antes, no hay derecho que en pleno siglo XXI, con tanta informática...».

Otros estaban nerviosos por la clausura de las taquillas a mediodía, como estaba previsto inicialmente. «Sólo falta que me las cierren en la cara y tenga que esperar cuatro horas más». De hecho, en un principio las taquillas permanecerían cerradas de 13.30 a 17.30 horas, lo que habría alargado más la espera. Sin embargo, el club lo modificó y permanecieron abiertas en horario ininterrumpido. A eso de las tres y media de la tarde, la larga cola desapareció. Era el turno de los aficionados menos 'prudentes'. Se acercaban a cuentagotas y retiraban los billetes sin mayores contratiempos, sin sufrir la lluvia ni pasar frío. Dos horas después, se colgó el cartel de 'no hay billetes'.

«Sin vacaciones en verano»

Los seguidores del Athletic, que están muy ilusionados con su equipo, se mojaron hasta el final. Todo vale para ver a los hombres de Marcelo Bielsa. «Este año nos quedamos sin vacaciones de verano», subrayaba una mujer, que en compañía de sus dos hijos y de su marido, esperaban en la cola. Los aitas ya fueron a Manchester, aunque de Alemania se privaron. «A todo no se puede», puntualizaban. «Estamos rascando de los ahorros». Su hija Leire, de 15 años, que estaba muy contenta ante el esperado viaje, se helaba. A pesar de ir bien abrigada, con bufanda y una cazadora con choto, las ráfagas de viento y la lluvia le hacían tiritar, y su ama la abrazaba para darle calor.

Era el peor momento de la mañana, casi a punto de abrir las taquillas. El cielo estaba encapotado y no daba tregua. Con paraguas y chubasqueros, los aficionados trataban de refugiarse de los aguaceros. Los que estaban cerca de las ventanillas podían hacerlo con comodidad, pero a los que aguardaban en la zona de Tribuna Principal sólo les quedaba aguantar el chaparrón.

En esa larga espera, los hinchas todavía daban vueltas a cómo se desplazarán a Lisboa. Muchos de ellos se decantaban por hacerlo por carretera. 870 kilómetros es un viaje sencillo y accesible. Como Alex y sus cinco amigos, que estuvieron 23 horas en la cola. Cogerán una furgoneta y saldrán la víspera del partido hacia la capital lusa. Es la opción más económica, ya que no hay dinero para excesos. Por ello, este joven de 28 años, que está en paro desde hace un año, tiene que gastarse el «dinero de los ahorros y algo que me dan mis aitas». Óscar y Cristina tienen una reserva para ir en avión, pero se han planteado la opción de ir en coche. Ambos trabajan y debieron hacer algunos esfuerzos para comprar la entrada en San Mamés. «Tendré que currar el fin de semana», decía él, mientras que ella aseguraba que tendría que «meter horas extras». Todo vale por el Athletic.