viernes, 4 de noviembre de 2011

Conversaciones en la Catedral

Por Ezequiel Fernández Moores

José María Belausteguigoitia Landaluce (Belauste) arrancó desde atrás como una locomotora. Lanzó un grito histórico a Sabino Bilbao Líbano (Sabino), que se aprestaba a ejecutar el tiro libre: "A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo". Belauste, que medía 1,93m y pesaba 95 kilos, recibió el centro, arrastró rivales y marcó el empate en el triunfo 2-1 frente a Suecia. Su grito fue el acta fundacional de la llamada "furia española". Belauste y Sabino eran figuras del Athletic Bilbao, igual que Rafael Moreno Aranzadi (Pichichi), tres de los 13 vascos miembros de esa selección española que sólo cedió en la final de los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920, ante el anfitrión Bélgica. "En nuestra vida -escribió un periodista- hemos visto partido más brutal, más salvaje y más suicida." Pichichi, gran artillero, sobrino del escritor Miguel de Unamuno, y con cuyo nombre el diario Marca premia al goleador anual de la Liga de España, comparte fama histórica con Telmo Zarranoaindía. Zarra marcó otro gol mítico, el 1-0 a Inglaterra en el Maracaná, en el Mundial de Brasil 50. Todos eran del Athletic. El equipo que ahora dirige el "Loco" Bielsa, rival este domingo del exquisito Barcelona de Pep Guardiola.

El gol de Zarra "lo hacía hasta un cojo". La ironía es de José Luis López Panizo (Panizo), zurdo hábil de la selección del 50 y también él jugador del "Atlético", porque Franco ya había obligado el cambio de nombre. La Guerra Civil impulsó la creación de una selección vasca en el exilio, para recaudar fondos y denunciar al franquismo. El debut, 3-0 al Racing de París el 26 de abril de 1937, coincidió con el recordado bombardeo de la aviación alemana sobre Guernica. Por lo menos 11 jugadores vascos terminaron en el fútbol argentino. Los dos más famosos fueron Angel Zubieta e Isidro Lángara, ídolos en San Lorenzo. Zubieta jugó 352 partidos, fue capitán y a fines de 1946 el equipo, flamante campeón argentino con Farro-Pontoni-Martino, jugó en su pueblo natal, Galdacano, para que la madre pudiera ver jugar a su hijo. Lángara le marcó cuatro goles a River en menos de media hora el día de su debut, en 1939. Pantalones por arriba del ombligo, muslos gordos, serio. "Mezcla de Karadagián y de Tenenbaum, un ómnibus con cabeza, un delantero con pinta de lechero retirado", lo describió el periodista Carlos Giuria en el hermoso libro Memorias del Viejo Gasómetro, del colega Enrique Escande. Otro libro me sirvió de base para las historias del Athletic. Se llama A mí el pelotón y fue reeditado este año. Su autor es Patxo Unzueta, firma de peso en España para analizar todo lo que se refiera al País Vasco, más ahora que la ETA pone fin a la locura armada y la paz definitiva parece un hecho.

"Es el mejor libro de fútbol que conozco", escribe en el prólogo Santiago Segurola, acaso la firma de deportes más respetada de habla hispana. Unzueta, dice Segurola, "fue nuestra Wikipedia de los 80", pues "tenía ese raro don para redondear una historia y dejar a los lectores hambrientos, cualidad distintiva de los grandes periodistas". El libro recuerda cuando un siglo atrás los hinchas vascos comenzaban a corear a sus ídolos ("Pa-ga-za-ur-tun-du-a" o "Be-laus-te-gui-goi-tía"). Y cuando el autor fue por primera vez a la Catedral de San Mamés, 6-1 el clásico a la Real Sociedad, y "creía que los héroes duraban para siempre". Una de las mejores anécdotas es el diálogo entre los teólogos jesuitas Jon Sobrino e Ignacio Ellacurría mientras se refugiaban de las balas del ejército salvadoreño en el campanario de la Catedral y escuchaban un partido del Athletic. "No todo está perdido. Acaba de marcar Noriega", avisó Ellacurría a Sobrino, que respondió: "Ya te lo decía yo. Dios no abandona nunca del todo a sus criaturas". Vinculado desde sus inicios al nacionalismo vasco, jugadores célebres del Athletic militaron en política, desde el Belauste del "pelotón" hasta el arquero José Ángel Iríbar, de 467 partidos y 18 temporadas en el club. Su almacén de patatas estaba en crisis, pero Iríbar donó toda la recaudación de su partido despedida al fomento de la lengua vasca. También militó en la izquierda abertzale Endika Guarrotxena, autor del gol del último título ganado por el Athletic, la Copa del Rey de 1984, 1-0 al Barcelona de César Menotti y Diego Maradona.

"¿Arrepentirse?", se pregunta sin responder Andoni Goicoetxea en un video del diario AS que recuerda en estos días esa final, que terminó con escándalo. Le preguntaban por la brutal patada de 1983 a Maradona, que sufrió fractura de tobillo. El Athletic era dirigido por Javier Clemente. Promesa mítica del club y del fútbol español, quebrada a los 19 años por una lesión, Clemente fue entonces el DT más joven en España, con 31 años. En 1984, fue bicampeón de Liga y campeón de Copa. Sus excesos verbales primero y sus esquemas cada vez más defensivos opacaron su carrera. Él siempre se jactó de interpretar como nadie el estilo del club. Un estilo de "genuino sabor inglés", uso de los laterales, primer toque, fuerza defensiva y juego colectivo, según describe Unzueta, citando a especialistas. Pero el Athletic tiene una característica por sobre todas: sólo juegan vascos en el club. "¿Residuo de la ideología xenófoba del primitivo nacionalismo vasco?", se pregunta Unzueta. "Españoles hijos de puta", suelen recibir los hinchas a Real Madrid, aunque haya más españoles en el Athletic que en el club blanco. Unzueta cuenta también que muchos hinchas ironizan sobre algunas trampas del "ius solis", usadas para fichar cada tanto a jugadores nacidos fuera del País Vasco. Y advierte que la tasa de natalidad del País Vasco es una de las más bajas en la Unión Europea. Pero Unzueta dice que jugar sólo con vascos ya forma parte de la identidad del Athletic. "Con cantera y afición -cantaban los hinchas- no hace falta importación."

La afición del Athletic, según puedo ver en distintos foros, debate mucho sobre Bielsa. "Ahora pasan cosas en cada partido, siempre hay emoción y da la sensación de que pueden ganar a cualquiera y también perder. ¿Llegará este equipo a ser fiable o siempre será una atractiva moneda al aire?", pregunta un hincha en Marca a Segurola, que es de Vizcaya e hincha del Athletic. "Soy bielsista a morir. Lo que pretende es una transformación casi imposible, pero creo que la aventura merece la pena. Quiero confesar algo: durante la mayor parte de mi vida he sufrido una sensación casi de vergüenza cada vez que el Athletic jugaba fuera de casa? Ahora, juegue bien o mal, no concede tregua a nadie", responde el periodista. "La mejor señal de que las cosas marchan es que todo el mundo está deseando que llegue el siguiente partido", cuenta un seguidor en otro foro, llamado "Conversaciones en La Catedral (San Mamés)". Otros hinchas no entienden todavía por qué si Bielsa vio tantos videos y analizó hasta a jugadores suplentes antes de llegar, improvisó luego en tantas posiciones. Medio plantel está lesionado y el Athletic tiene que jugar mañana en Austria por la UEFA. Pero Bielsa, saben todos, saldrá a jugarle de igual a igual el domingo al Barca de Guardiola.

"Marcelo y yo -contó Guardiola a un amigo- somos los dos entrenadores más valientes del mundo." "Lo dijo sin arrogancia, sólo dijo la verdad", me agrega la fuente. Se sabe que, en su formación como DT, Guardiola incluyó un viaje a la Argentina. Y que, además de ver a César Menotti, pasó once horas hablando de fútbol y viendo videos con Bielsa en su campo de Máximo Paz. Bielsa le explicó por qué decidió hablar sólo a través de conferencias de prensa, sin entrevistas exclusivas. Guardiola hace lo mismo. Bielsa le preguntó por qué decidía ser DT, si ya, como jugador, conocía "toda la basura del fútbol". "¿Tanto le gusta la sangre?", preguntó el Loco, según un artículo del escritor David Trueba, testigo de la charla. Guardiola contestó: "Necesito esa sangre". Barcelona y Athletic discuten cuál de ambos es el club más viejo del fútbol español. Sufrieron como pocos al franquismo. Ahora tienen entrenadores que admiran al Ajax que dirigía Louis Van Gaal, ocupar las bandas, la posesión, el ataque y la disciplina colectiva. Le pregunto a Segurola si cree que Bielsa influyó en Pep. Me responde: "No creo en el terreno estrictamente futbolístico. Guardiola tenía este plan desde los 25 años. Estoy convencido, sin embargo, de que Guardiola admira a Bielsa por su honestidad y por su coraje".