jueves, 30 de diciembre de 2010

San Mamés bendice la comunión tricolor

San Mamés impartió anoche su bendición a la reaparecida selección vasca, que inició una nueva era con una incontestable victoria ante Venezuela después de dos años sin el tradicional partido navideño debido a la controversia por la homologación internacional que mantienen los futbolistas y la Federación. 'La Catedral' fue el escenario perfecto para visualizar la comunión con la tricolor de los aficionados, que transformaron las gradas en una olla a presión en la que se mezclaron los ingredientes festivos con los reivindicativos. El estadio se convirtió en un clamor permanente en favor de la oficialidad de Euskal selekzioa, la denominación pactada entre los jugadores y los dirigentes federativos en el acuerdo de mínimos que ha permitido rescatar el encuentro 'in extremis' con la agobiante presión social como telón de fondo.


Mosaico con los colores dela Ikurrina
Los minutos previos al inicio del choque tuvieron un marcado tinte político. Hubo gritos de «independentzia» y lanzamientos constantes de bengalas desde los fondos -en los que proliferaban los carteles para exigir el acercamiento de los presos- hasta que los titulares de ambos equipos saltaron al campo detrás de la ikurriña y la bandera venezolana. Como se consensuó en las intensas negociaciones con los responsables del fútbol vasco, los jugadores de la tricolor salieron con una pancarta en la que se reclamaba la oficialidad de la selección mientras en las tribunas y en las preferencias los entregados seguidores fabricaban un gigantesco mosaico verde, rojo y blanco. Una enorme ikurriña en el fondo norte saludó al himno de Euskadi -antes, de forma incomprensible, sonó el del Athletic durante medio minuto- mientras en distintos sectores del estadio se desplegaban pancartas con proclamas y mensajes de carácter ideológico y en contra de la Federación vasca.


Visto el ambientazo de San Mamés, consumado con constantes gritos de ánimo y olas en las gradas, las dos partes en conflicto tendrán que encarar sus futuras conversaciones con espíritu posibilista y no anclarse en posturas inflexibles. Otro eventual desierto en la cita de diciembre supondría un mazazo de consecuencias imprevisibles para un partido que la afición recibe como un regalo navideño para disfrutar de la fiesta y pulsar el potencial de la tricolor. El ejemplo que han dado los seguidores, inmunes al desaliento a pesar del tiempo perdido, obliga a futbolistas y federativos a suscribir un pacto blindado que, por encima de la política y los intereses privados, garantice siempre la celebración del encuentro. Sólo así la esponsorización no correrá peligro y se podrá contratar a rivales con pedigrí en el panorama internacional.
Ofizialtasuna


Falta de entendimiento
El primer tiempo sirvió para comprobar que, si ya de por sí resulta complicado preparar tácticamente un partido en tan poco tiempo con futbolistas que sólo coinciden una vez al año, aún lo es más en pleno proceso de renovación. La calidad del once titular puesto en liza por José Ángel Iribar y Miguel Etxarri era incuestionable, pero los errores de colocación y de entendimiento fueron notables.


En uno de estos fallos llegó el gol de la 'vinotinto', más competitiva de lo esperado en un principio por la ausencia de sus principales referencias en la convocatoria. El mayor peligro de Euskal selekzioa llegó siempre por las bandas con las acciones individuales de Xabi Prieto y los centros al área de Gabilondo, que volvió a demostrar que está en vena con otra excelente falta directa que sacó con una palomita para la foto el portero venezolano.


La segunda parte fue otra historia. Con un Javi Martínez inmenso en el esfuerzo -se retiró unos momentos con molestias pero luego regresó-, la revolución que supuso la entrada de Iker Muniain y el juego entre líneas de Susaeta, sin olvidar una rabona de lujo de Agirretxe en una entrega al corazón del área, la selección vasca arrolló a la venezolana tras la reanudación.


El tanto del empate de Carlos Gurpegui levantó de sus asientos a los aficionados, que lo celebraron a lo grande y se enchufaron del todo al grito unánime de «beste bat». Ayudó mucho la entrada de Xabi Alonso, que dio cuerpo al grupo y le hizo jugar como y cuando quiso. Los bolivarianos, entretanto, acusaban el esfuerzo y demostraban su candidez al defender las jugadas de estrategia. Precisamente en un córner llegó el gol de Labaka. Parte de las vallas publicitarias que delimitan el campo en los fondos se vinieron abajo cuando los seguidores lo festejaron. Un sector muy reducido de hinchas intentó quemar tres banderas españolas.
Con la tricolor ya por delante en el marcador, todas las acciones eran jaleadas con el ondear de bufandas y banderas. 'La Catedral' reventó y coreó de forma unánime el nombre de «Iker» cuando Muniain hizo el tercero y redondeó un triunfo esperado con ansia por los seguidores durante casi tres años. Después llegó la ovación final y la más que previsible invasión de campo. En 2011 más y mejor. No puede haber vuelta atrás.